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Arroz con Carnitas

Anotaciones Del Lobito

 

Pocas cosas dicen México con tanta claridad como unas buenas carnitas.

Son rito, son antojo y son territorio. Cada quien tiene su versión, su puesto de confianza, su carnicería favorita y su teoría inamovible sobre dónde están las mejores. Y claro, todos tienen razón… o al menos así debe ser.

 

Las carnitas se discuten con la misma pasión que el fútbol y la política, pero se disfrutan en silencio, con las manos, con salsa y con una tortilla recién salida del comal. Los tacos de carnitas son un clásico de los domingos, de la mañana larga y del mediodía que se alarga sin pedir permiso. En lo personal, yo soy de maciza con costilla, equilibrio perfecto entre jugosidad y carácter.

 

Este arroz nace de ese amor. De la idea de llevar las carnitas —tan callejeras, tan queridas— al terreno del arroz, con respeto y sin pretensiones raras. No para “refinarlas”, sino para abrazarlas desde otra técnica, dejarlas hablar en otro idioma sin que pierdan su acento.

 

Lo cociné en Zacatecas, durante un evento del Día del Padre en 2025, un día cargado de mesas largas, risas, familias completas y ese ambiente que solo se da cuando la comida se convierte en pretexto para estar juntos. Ahí, entre abrazos, humo y cucharones, este arroz encontró su lugar.

 

Es un arroz que huele a domingo, a grasa bien hecha, a paciencia y a tradición.

Un arroz que no busca competir con el taco… solo acompañarlo con dignidad.


Ingredientes:


  • 1 kg de arroz bomba

  • 2 kg de carnitas mixtas

  • 500 gr de zanahoria bebe

  • 500 gr de ejote

  • Salmorreta mexicana

  • Oregano y tomillo

  • Fondo de pollo

  • pizca de azafran, para darle color


Instrucciones:


Empieza por lo más importante: la carnita.

Dórala sin miedo, con paciencia y fuego bien entendido. La idea no es que todo quede igual: busca trozos bien achicharrados, otros apenas dorados y algunos más suaves. Esa mezcla de puntos es oro puro, porque luego en el arroz se traduce en capas de textura y sabor. No la estés moviendo de más; deja que se agarre, que cante y que huela a carnitas de verdad.

 

Cuando la carne esté donde tú quieres, entra la zanahoria primero, cortada para que aguante la cocción. Dale unas buenas vueltas y deja que se caramelice un poco con la grasa que soltó el cerdo. Luego suma el ejote, que aporte frescura y contraste. Aquí ya empieza a oler a comida de casa buena.

 

Es el momento de la salmorreta mexicana. Agrégala y deja que se guise con calma, que pierda el agua y se vuelva espesa, casi untuosa. Sazona con orégano y tomillo, sin exagerar: deben acompañar, no gritar. Métele cuchara, raspa el fondo y deja que todo se junte en un solo guiso sabroso.

 

Ahora sí, moja con el fondo de pollo, bien caliente. Deja hervir con alegría unos 20 minutos, para que la carnita suelte todo lo que trae y el caldo quede redondo. Prueba, ajusta sal y confía en tu paladar.

 

Cuando el caldo esté donde lo quieres, suma la infusión de azafrán y enseguida el arroz. Repártelo bien, no lo muevas más y deja que la paella haga su trabajo. Fuego firme al inicio, luego controlado, hasta que el arroz asome y empiece a secarse.

 

Este arroz debe quedar seco, fino y con carácter, y si todo salió bien, con un socarrat orgulloso que cruja al fondo. De esos que hacen callar la mesa por unos segundos… y luego obligan a servir otro plato.


Variantes y Otras Notas:


Lo primero es conseguir buena carnita mixta.

Mi recomendación es clara y sin rodeos: cómprala en el lugar que más te guste. Cada quien tiene su puesto de confianza, ese al que se vuelve porque ahí la maciza es jugosa, la costilla viene bien dorada y el cuerito está en su punto. Salvo que no estés en México, la verdad es que no vale la pena ponerse a hacer carnitas en casa: aquí las hacen mejor, más seguido y con más oficio que cualquiera de nosotros un martes por la tarde.

 

Ahora, si estás fuera de México, la historia cambia. En ese caso, hay muy buenas recetas en internet y vale la pena aventarse el proceso con calma, sin prisas y con cariño. Eso sí: no te quedes corto. Si te vas a meter en el tema, hazlo bien.

 

Y aquí va un consejo de Lobito, de esos que no vienen en los libros:

ponle un chamorro encima cuando hagas las carnitas. Déjalo que se confite junto con lo demás, que suelte colágeno, grasa y sabor. El chamorro no solo le da lujo y profundidad, también aporta una textura melosa que luego en el arroz es simplemente gloriosa.

 

En resumen: buena carnita, sin culpas, sin complicaciones innecesarias y con respeto al ingrediente. Porque cuando el cerdo está bien hecho desde el inicio, el arroz ya va ganando la mitad del partido.



 
 
 

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