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Arroz con lentejas, Mero, Setas y vainilla

Anotaciones del Lobito


Este arroz nace de una provocación elegante.

 

La semilla está en una receta de lentejas del maestro Jordi Cruz, donde mezcla algo que, en teoría, no debería funcionar… pero funciona de manera brutal: vainilla y pescado. Cuando lo vi por primera vez pensé: “esto es una locura”. Y acto seguido pensé: “esto lo tengo que probar”.   La combinación tiene sentido si uno se detiene a pensar. La vainilla, cuando no se usa como postre, tiene una profundidad floral, casi amaderada, que puede abrazar sabores salinos con una delicadeza sorprendente. No es dulzor lo que aporta; es perfume, es fondo, es misterio.

 

Y entonces vino la pregunta inevitable:

¿Y si en vez de lentejas lo llevamos al territorio del arroz?

 

La verdad es que es solo un pasito. El arroz, como las lentejas, es un lienzo humilde pero poderoso. Absorbe, traduce y amplifica. Lo único que hay que hacer es respetar la proporción, controlar la intensidad y no dejar que la vainilla se vuelva protagonista absoluta. Aquí no queremos postre marino; queremos profundidad elegante.

 

Este arroz es sutil, pero no tímido. Tiene mar, tiene especia, tiene perfume. Es de esos platos que hacen que alguien en la mesa frunza el ceño al primer bocado… y al segundo ya esté convencido.

 

No es un arroz clásico.

Pero es un arroz que te recuerda que la cocina también es atrevimiento..


Ingredientes:


·       500 gramos de Lentejas

·       Esencia de vainilla

·       Chalotas

·       Fondo de Verduras

·       Vino blanco

·       750 gramos de lomos de Mero

·       500 gramos de arroz

·       Setas de las que mas te gusten

·       Tomate rallado

·       Arúgula


Instrucciones:


Arranca como siempre manda la buena costumbre: dorando el pescado. Que quede bonito, con color, con carácter. No lo cocines de más; solo márcalo, que tome esa costra ligera que huele a mar serio. Sácalo y resérvalo con respeto, que volverá al final como protagonista.

 

En esa misma grasa sabrosa, entra la elegancia: chalotas picadas pequeñitas. Déjalas sudar sin prisa, que se vuelvan dulces y transparentes. Luego suma las setas, y permite que se pochen suavemente, soltando su agua y concentrando su sabor. Aquí el fuego debe ser paciente; esto no es carrera, es construcción.

 

Añade el tomate rallado y espera. Sí, espera. Que pierda el agua, que se concentre, que se vuelva pastoso. Ese momento en que el sofrito se espesa es cuando sabes que vas bien.

 

Ahora entran las lentejas. Dales unas vueltas para que se impregnen de todo lo que ya hiciste. Moja con vino blanco y deja que el alcohol se evapore, que quede solo el perfume. Entonces, con mano firme pero prudente, incorpora la vainilla. No demasiada. Aquí no buscamos postre; buscamos susurro aromático.

 

Cubre con fondo de verduras caliente, suficiente para que las lentejas se cuezan con holgura y todavía quede líquido noble para recibir el arroz después. Deja que todo hierva con calma unos 30 minutos. Prueba. Ajusta sal. Escucha el guiso.

 

Cuando las lentejas estén tiernas y el caldo sabroso, mete el arroz. Distribuye bien y no vuelvas a tocar. Fuego alegre al principio, luego más sereno.

 

Cuando el arroz empiece a asomarse, viste la paella con los trozos de mero dorado y un puñado generoso de rúcula fresca. El calor la marchitará apenas, lo justo para que perfume sin perder su carácter verde.

 

Este es un arroz de equilibrio fino.

Mar, tierra y un susurro de vainilla.

Si lo haces bien, nadie sabrá exactamente qué lo hace especial… pero todos repetirán.

 
 
 

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